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Delia Zapata Olivella

Fotografía archivo: página web de la familia Zapata Olivella: autor desconocido. https://manuelzapataolivella.co/fotos/delia/

Precursora de la Investigación de nuestra Identidad

Quiero expresar mi regocijo como hermano y colombiano al prologar este libro de Delia Zapata Olivella. No me inhibe la modestia. Nuestro padre nos enseñó a ser libres predicándonos: “La humildad conduce a la sabiduría, pero la modestia a la esclavitud”. Si callara hoy contribuiría a silenciar testimonios directos y personales sobre el sacrificio y heroísmo de una mujer que ha consagrado su vida a la exaltación de la creatividad multiétnica colombiana sin pretender ganar nada para sí misma.

Danzas sacras y profanas del Litoral Pacífico y Chocó de Colombia”, recoge apenas una parte de sus investigaciones, la correspondiente a la Costa Pacífica. Desde luego esta regionalización del folclor nacional no disminuye su importancia. Precisamente ha sido el propósito de los editores publicar la obra total de Delia, Comenzando por presentar a profesores investigadores, estudiantes, críticos y público en general una de las más importantes y desconocidas fuentes que nutren nuestra tradición.

Iniciación al Culto

Al igual que el primer bailarín africano, inventor de la danza para dialogar con los dioses. Delia buscó en los bailes tradicionales colombianos el lenguaje para comunicarse con sus ancestros. Aunque sus estudios de escultura le hubieran despertado el interés por los orígenes del arte, su consagración a la danza fue la respuesta al llamado de las sangres.

Un año después de concluir su carrera renunció al martillo y al cincel para modelar el baile con los pies desnudos. Justificando argumento para responder mucho tiempo más tarde a la pregunta de un periodista inquieto por su aparente abandono de las artes plásticas:

–No soy tránsfuga, esculpo cuando danzo.

Nació en Santa Cruz de Lorica, 1926, a orillas del río Sinú. Sin embargo, su semilla, fruto de padre cartagenero, Antonio María Zapata Vásquez, estaba cuajada para germinar frente al mar. A los tres años la familia se trasladó a Cartagena, siempre bajo la mirada y amparo de su madre Edelmira Olivella de la Barrera, quien no dejó la crianza de sus hijos a nadie, el mejor molde para cuajar sus sentimientos.

Su infancia y adolescencia transcurrieron en las calles signadas de santidad en el sector amurallado del Getsemaní; San Antonio, Espíritu Santo, Plaza de la Santísima Trinidad, Todo conspiraba para ganarse el hábito de monje de no encontrar el radical anticlericalismo de nuestro padre, desfacedor de entuertos espantos y brujerías. Cursó los primeros estudios bajo las enseñanzas del progenitor, quien regentaba el Colegio “La Fraternidad” para “formar hombres y no ángeles”. Humanista, fundó la “Compañía de Comedia de Cartagena” en la cual, con sus alumnos, adultos y jóvenes, montó “Aura o las Violetas” de Vargas Vila y “Lo Irreparable” de Víctor Hugo, entre otras obras dramatizadas por él.

Fotografía archivo: página web de la familia Zapata Olivella: autor desconocido. https://manuelzapataolivella.co/fotos/delia/

En este ambiente, donde también se organizaban danzas y sainetes callejeros para festividades del 11 de Noviembre, Delia tuvo otras influencias modeladoras: la abuela Angela Vásquez, rezandera de profesión, sembró todos los rincones de la casa paterna con el rezongo bantú de sus oraciones para proteger al hijo de sus ideas librepensadoras. En estos afanes exorcizadores le colaboraba su hija Estebana, quien le había heredado todos los secretos mágicos de la tradición africana. Cuando concurría a casa nos obligaba a arrodillarnos para bendecirnos y pedirle a Dios que nos hiciera santos.

Delia, espíritu libérrimo, supo beber sin marearse de esas aguas. Fue la primera mujer en desafiar el tabú machista al ingresar en el Colegio de Varones de la Universidad de Cartagena. Se le veía estudiar con sus compañeros en parques y puentes hasta avanzadas horas de la noche para escándalo de monjitas. Canalete en mano, recorría los caños de San Lázaro y Chambacú con la maestría de los viejos pescadores.

Este período fue el más enriquecedor de su temperamento y vocación artística. Pudo nutrirse en la cátedra abierta del Getsemaní donde la historia y la vida fecundan el espíritu. Vivíamos entonces en la calle del Espíritu Santo, la casa había sido construida en el patio heredado de la abuela Ángela, frente colmado de pordioseros y leprosos esperanzados en limosnas y milagros. Más adelante, en la acera opuesta, se levantaba una gallera metálica, capricho de un ricachón, tan grande que terminó siendo el coliseo donde se protagonizaban combates con renombrados púgiles locales nacionales y extranjeros.

Pionera en la salvaguarda y difusión del folclor colombiano

Fotografía archivo: página web de la familia Zapata Olivella: autor desconocido. https://manuelzapataolivella.co/fotos/delia/

Dos o tres casas de por medio, en el pasaje de una derruida casona, tal vez antigua casamata de esclavos, donde por ironía de la historia se congregaban palenqueros venidos de San Basilio, donde cimarrones de Benkos  Biojo no conocieron la esclavitud. Los sábados y domingos se cantaban bullarengues al son de tambores roncadores que no dejaban dormir a las almas de los difuntos. Otras veces se oían lamentos y lloros cuando se moría un pequeño niño. Vestido de blanco, el “angelito” era mecido y bailado de mano en mano por la madrina y dolientes en una ronda de plañideras. Esta calle muchas veces debió ver el trasnocho de San Pedro Claver persiguiendo y azotando los tambores de lumbalú. Por encima de los techos de teja, compitiendo con el maullido de los gatos, las campanas de la Santísima Trinidad anunciaban el ángelus y los maitines…

A punto de la media noche, en la playa de Arsenal, cementerio de barcos calafateados y fritangueras de sábalo, ardía la cumbia prendida por el fuego de las espermas. Indefectiblemente allí se daban cita los oficiantes de Jorge Artel, su compadre de José Murillo, el maestro Betzabé Caraballo, insuperable constructor de guitarras, y el noctámbulo, nostálgico y romántico Adolfo Mejía, todos profesores de Delia en el arte de bucear en la mar profunda de los ancestros.

La Academia

Cuando llega a Bogotá, caracol marino, lleva consigo resonancias de vientos, música y oraciones. Su cuerpo zandunguero anima las fiestas estudiantiles.

Sus maestros- Alipio Jaramillo, Ignacio Gómez Jaramillo, Julio Abril, Enrique Grau- advierten que es arcilla blanda para modelar. Sin embargo, más allá de la teoría no le imponen rumbos. Ella escucha otras voces menos ortodoxas, enraizadas en la tradición de sus antepasados. Sus últimos golpes de cincel, aún con llanto en los ojos, fueron sobre la lápida mortuoria de nuestra madre.

Más que un tributo de hija cumplía con el mandato de la abuela zenú, Nicolasa, cuyo nombre lleva, también alfarera de urnas funerales.

Fotografía archivo: página web de la familia Zapata Olivella: autor desconocido. https://manuelzapataolivella.co/fotos/delia/

Precursora

Cualesquiera que sean los títulos endilgados a Delia- escultora, bailarina, coreógrafa, folclorista, profesora, etc.- su verdadero y bien ganado galardón a lo largo de su vida es de precursora en el empeño de rescatar, afirmar y difundir los bailes colombianos preservando su autenticidad tradicional.

A esta dedicación debe agregarse su convencimiento de encontrar en el espíritu de estas expresiones, vengan de donde nazcan, América, África, Europa, la esencia de su propia identidad. Jamás estuvo inspirada en el propósito de obtener un doctorado para ostentarlo como pergamino académico, anhelo arribista que generalmente guía la prosecución de estudios.

El reclamo por reconocer a Delia como precursora en la investigación de nuestros bailes tradicionales, va dirigido a su ejemplo cuando asume como propia la identidad nacional y no tan sólo una vertiente particular de sus orígenes. Ella ha reconocido en su formación los influjos de otros. Su novedad fue identificarse con la totalidad de la tradición indígena, africana y europea, como legado común donde no cabe la separación o supervaloración de los aportes de un ancestro sobre otro.

El gran mestizaje de las sangres y culturas, tal cual acaba de reconocerse con generalidades ambiguas en el artículo 7° de la nueva Constitución Nacional.

Fotografía archivo: página web de la familia Zapata Olivella: autor desconocido. https://manuelzapataolivella.co/fotos/delia/

Desde los primeros gritos por la independencia y durante la República se han adelantado decisivos movimientos tendientes a conocer y exaltar el acervo espiritual y material de nuestra nacionalidad. Sería grave olvido desconocer como pioneros en la investigación de la identidad a José Celestino Mutis y sus eminentes colaboradores en la Expedición Botánica para inventariar nuestra flora, fauna y ámbito natural. Igualmente, Agustín Codazzi y demás exploradores de la Comisión Corográfica, sin duda los primeros en adelantar un diagnóstico de nuestro territorio y de los hombres que lo habitan.

Son mucho más personales los trabajos iniciados por Delia, pero no por ello menos importantes en la toma de conciencia de los valores tradicionales aportados por los alfabetos, empíricos y semiletrados de las etnias indígena, afrocolombiana y mestiza: Más del 80% de nuestra población tradicionalmente menospreciada como creadores de los valores fundamentales de la cultura nacional. Cuando Delia inicia su búsqueda ansiosa de encontrar los rasgos que caracterizan su condición de mujer mestiza, suma de tres confluentes sanguíneos y culturales, nadie antes había asumido este enfoque antropológico para realizar una investigación en toda la geografía humana del país.

Tampoco se había utilizado la grabadora magnetofónica para recoger os testimonios orales de ancianos analfabetos, utilizando una grabadora “R.C.A Victor”, más pesada que un baúl de pirata cargado de tesoros.

También fue pionera en inventarse la forma de utilizar un instrumento tan inapropiado para transitar por las riberas, montañas, valles, litorales y selva.

¡Dos asnos como colaboradores indispensables e inseparables! Uno para cargar el pesado artefacto magnetofónico y otra el motor acondicionado con cien metros de cables para que su rudo no interfiriera las voces de los informantes. Desafiar trochas, canoas y carromatos para llegar a pueblos donde no se conocía, ni conoce el fluido eléctrico. La grabadora portátil alimentada con pilas eléctricas aún no se había inventado o comercializado en el país. Las fechas de sus primeros documentos, grabados en las cintas, testimonios irrecusables, se remontan al año 1. 950. La sola adquisición de la abuela” R.C.A. Victor” constituyó una hazaña por su costo. Préstamos a agiotistas y endeudamiento con la firma J. Glottmann en Barranquilla y otros tantos para adquirir la planta eléctrica. Afortunadamente se conseguía el alquiler de los burros a bajo costo y en todas partes. Esfuerzos materiales para iniciar una investigación que en su momento ni ahora ha contado con el apoyo económico estatal.

Algunos visionarios como ella, igualmente precursores, como el doctor Joaquín Piñeros Corpas, “el Caballero noble de la canción colombiana “le ayudaron con alientos espirituales y económicos para iniciar con el apoyo de la Fundación de Investigaciones Folclóricas, su primer trabajo sobre la tradición oral y conducta de los campesinos cordobeses. David Sánchez Juliao cuenta cómo, siendo un niño, se sorprendió al ver y oír un aparato que reproducía su voz.

Otra iniciativa premonitoria de lo que serían métodos investigativos ulteriores fue convertirse en alumna atenta, repetidora como otro magnetófono, de cuanto veía y escuchaba de sus maestras ancianas. La descalza académica repetía los pasos descalzos de su abuela campesina. Mucho le ayudaron entonces sus estudios de pintura para copiar con huellas indelebles en el papel la posición de los movimientos de los pies, piernas, muslos, caderas, tórax, brazos, antebrazos, manos, dedos, hombros, cuello, cabeza, ojos y voz. La anatomía aprendida en cadáveres y reproducciones de estatuas griegas y romanas, captada a lo vivo por el lápiz a mano alzada. Pies indígenas y afrocolombianos, gruesos, callosos, firmes por la esclavitud de quinientos años, pero contradictoriamente ligeros, saltadores, cadenciosos, expresivos, libérrimos, obedientes al ritmo de tambores y melodías de flautas, rondadores y clarinetes.

Folclor a lo vivo

Su sentido coreográfico para captar la totalidad de los componentes del baile y su entorno- piso, luz, viento, vestido y desde luego instrumentos musicales- pronto le hizo caer en cuenta de que sus exploraciones de campo no debían conformarse con unos documentos – grabaciones magnetofónicas, dibujos, notas, etc.- ¡ante todo y sobre todo el nombre! Entonces fue cuando comprendió la necesidad de formar conjunto de bailes y música integrados por campesinos auténticos.

Delia abrió el camino a la difusión del folclor desconocido, trasegando a la capital los primeros conjuntos de acordeón, caja y guacharaca, 1952, presentando a Fermín Pitre como principal intérprete. Además del cajero y guacharaquero, figuraba Antonio Morales, improvisador de décimas, un arte que infortunadamente ha sido opacado por el trio musical. En 1.953 trae a Toño Fernández y sus gaiteros de San Jacinto, integrado por los hermanos José y Juan Lara. Venciendo todos los miedos y rebeldías ancestrales, en 1.954 Consigue que Batata, heredero de una centenaria tradición de tamboreros sagrados del Palenque de San Basilio, acompañe a los cantadores y cantadoras de lumbalúes funerarios. Los bogotanos hasta entonces ignoraban la existencia en Colombia de un culto religioso africano.

Fotografía archivo: Ballet Folclórico de Delia Zapata Olivella secuencia 31- Nereo López – Biblioteca Nacional de Colombia.

A partir de estos pasos, estrategia calculada, en 1.954, decide conformar su primer conjunto visitando y seleccionando a los mejores intérpretes de los ríos y litorales Atlántico y Pacífico. Lo que hasta entonces era un folclor recóndito mostró a Colombia una de sus más fuertes y auténticas raíces.

Luego en 1.957, el gran salto a la conquista del mundo: crea: “Conjunto de Danzas Folclóricas Colombianas de Delia Zapata Olivella” que sorprende a Europa, Asia y América. Pudo reunir a los intérpretes más talentosos de nuestro folclor en danza, canto y música – Madolia de Diego, Leonor González Mina, Julio Rentería, Lorenzo Miranda, Erasmo Arrieta, Clara Vargas, Teresa Díaz, Toño Fernández, José Lara, Juan Lara y otros -, cuyos nombres aún resuenan en la memoria de los colombianos como los mejores difusores en el exterior que haya tenido el país de sus tradiciones africanas, indígenas y españolas de nuestro mestizaje. ¡Aires de la Costa Atlántica, Chocó, Pacífico, ¡altiplanos y llanuras!

Lo que deseamos recordar no son los triunfos- Primer Premio del Concurso Folclórico Latinoamericano de Cáceres [España]; presentaciones en la Sala Playel de París, Teatro Bolshoi de Moscú, Teatro de Opera en Pekín, Radio City Center de Nueva York, etc.- sino aquellos momentos en que nadie estimaba la rica veta de nuestra tradición, tan inexplorada en todos los ámbitos de la creatividad nacional. La mayoría de las coreografías usadas por los miles de grupos folclóricos del país repiten las presentadas por Delia.

¡Más de 66! ¡Y ojalá que así sea en el futuro porque responden a la más auténtica tradición!

Este libro que dejamos en manos del lector no es la fantasía ni la improvisación de una mujer apasionada de sus sangres y culturas. Descubramos en cada párrafo, trazo y página el espíritu de Colombia.

La Escultura Viviente

En lo cierto estuvo Delia cuando dijo a un periodista de la danza. Agreguemos que también supo moldear a su hija Edelmira su propia imagen. Bailarina y pintora ya en el vientre le acompañaba en sus sueños.

Bailó en los escenarios antes de nacer, y ya en vida, aprendió el ritmo de los tambores antes de caminar. La evocamos en estos testimonios por ser autora de los dibujos coreográficos que ilustran el libro Danzas Sacras y Profanas del Litoral Pacífico y Chocó de Colombia. Una pauta indispensable para preservar su autenticidad tradicional.

Autor de artículo: Manuel Zapata Olivella.

2 comentarios de “Delia Zapata Olivella

  1. Marin Raul Gonzalez Sanchez dice:

    Buenas tardes, soy Martin Gonzalez Sanchez, gestor cultural de la ciudad de Cartagena de Indias.
    Estoy interesado en conocer el video que grabro hace algunos años de los Cabildos negros.
    Como puedo adquir copia de este material, ya que ando realizando una investigacion sobre ese tema?
    Quedo atento a sus comentarios. Gracias.

    • Patronato Colombiano de Artes y Ciencias dice:

      Hola Martín Raúl González Sánchez, gracias por escribirnos.
      Para ayudarte con el material de la grabación de los «Cabildos Negros», la persona encargada del archivo audiovisual de la institución se comunicará por correo electrónico.

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